domingo, 25 de noviembre de 2012

LA SIERRA DE LA ENCINA DE LA LASTRA


       
        Indudablemente, las aves no tienen fronteras, salvo las climáticas, las del propio hábitat y las que se imponen ellas mismas por la territorialidad de las distintas especies. EL Bierzo y la aledaña Valdeorras son dos comarcas prácticamente idénticas, además de por el clima, por  las costumbres de sus paisanos y por su lenguaje. Incluso la orografía del terreno es similar, pues no es más que un valle que recorre el río Sil, que riega los dos territorios.
        Los Montes Aquilanos, calcáreos, pizarrosos y con vetas áureas entre laminas de conglomerados arcillosos, se mete en Galicia y allí  es considerado Parque Natural. Tal vez a causa del  descontento social causado, cuando se intentó abrir una cantera por parte de una conocida empresa de la zona. O tal vez, por preservar la historia y la leyenda que envuelve a esta tierra: desde la ubicación en ella del mítico Monte Medulio y la gran batalla contra los romanos, o  las visitas de Doña Urraca en su trasiego entre el Reino de León y Galicia, o la lucha de sus habitantes en la Guerra de La Independencia; hasta historias de maquis y “estraperlo”, que aun   forman parte de sus “fiandones”.
        Lo cierto es, que la parte gallega es considerada Parque Natural, y la leonesa, con peculiaridades de flora, fauna y paisajísticas similares,  no lo es como tal.  No es que valore mas una orilla que la otra, pero de nuestro lado están  además de  Las Médulas y el Lago de Carucedo;  el monte del “Parmo”, con los majestuosos Zufreiros del Frade, paradigma de bosque mediterráneo en una franja atlántica. Posiblemente el bosque mas importante  de toda esta zona natural.


La Sierra de la Encina de la Lastra .Muy importante la flora de este ecosistema, con varias especies de plantas endémicas, pero su riqueza también llega a la fauna.

 
          Pues bien, la Sierra de la Encina de La Lastra es un entorno natural protegido y que nos permite disfrutar de un ecosistema típicamente mediterráneo en Galicia. La avifauna es la propia de estos parajes norteños y húmedos, pero podemos sorprendernos con muchas rarezas.
          A la entrada del río Sil en este Parque Natural, ya tenemos el primer “Cañón del Sil”, que muchos kilómetros mas abajo, en las gargantas de la Ribeira Sacra, son de sobra conocidos y explotados a nivel turístico. Entre  estos cortados calizos, saliendo de La Barosa y llegando al pantano de  Peñarrubia, por una de las numerosas sendas que recorren el paraje, podemos observar especies rupícolas muy escasas en el resto de la comunidad gallega. Tal vez incluso  únicas en toda ella.

Desde el Mirador de  la Cruz, los cantiles sobre el río Sil.    Frecuentado por especies rupícolas.
 
      Varios son los pueblos integrados en este entorno protegido, pertenecientes al Municipio o Concello de Rubiana. En todos sobresale un paisaje calcáreo,  que  está relleno de bosques de encinas y demás arbustos de la flora mediterránea;  pero en las vaguadas  nos encontraremos  con sotos de castaños, donde se mezclan con todo tipo de frondosas.  Hay zonas de pastizales donde el aprovechamiento tradicional del suelo es patente.  En alguna  aldea aun se conserva una “beceira”  de cabras, que mantienen el sotobosque “a raya”, y ayudan en  la limpieza de los prados que aún se siegan. Todo ello contribuye a un paisaje humanizado característico de la España del pasado siglo, pero que beneficia a un cierto número de especies de aves que en otros lugares tienden a desaparecer.


Paisaje agroganadero en Villar de Silva. Siega y pastoreo entre encinas.


“Beceira “de cabras desbrozando el monte

 Usos tradicionales y economía sostenible en  Pardollán. 
Recogida de frutos  con el transporte esperando al lado.

 Viejos sotos de castaños adornan  el Parque Natural. 
      En los cortados frente al Pantano de Peñarrubia, algunos días parece que estuviésemos en Monfragüe, frente a  la Peña del Gitano, pues varias especies de aves rapaces las sobrevuelan a la vez. Es fácil ver algún buitre leonado, que suelen merodear por las montañas de la cercana comarca de La Cabrera, siguiendo los rebaños  en las brañas, pero que a veces  suelen bajar hasta las tierras de La lastra. 

La silueta del alimoche nos vigila desde los cielos.

       En la “Pena Falconeira” de Cobas, vuelve a nidificar el alimoche, después de varios años desaparecido. E incluso el halcón común, que se esfumó para las cárcavas arcillosas  de Las Médulas, cuando  se produjeron alborotos y manifestaciones en la Sierra de La lastra, por ver quien podía explotar sus calizas. Por los cantiles del Estrecho pronto se oirá el ulular el Búho Real, hábitat típico de nidificación de la especie. Hace más de un lustro que no se observa águila perdicera, pero de aquella era frecuente ver la pareja, aunque nunca se constató que criase. Tampoco están las otrora abundantes palomas bravías, con bandos que a decir de algunos vecinos, “nublaban el sol”, y que anidaban en estos cortados.
         Otra peculiaridad de este paraje calizo son  las formaciones de simas y cuevas, muy visitadas por espeleólogos y escaladores deportivos.  Hay que señalar, que estas grutas tienen una de las mejores poblaciones de murciélagos de Europa. Hasta ocho especies de quirópteros se dan cita en el cielo nocturno de este Parque Natural. También hay que apuntar,  que la sensible avifauna rupícola se puede ver afectada por los deportistas que se cuelgan con sus cuerdas por los precipicios. 

 
POR LA SIERRA DE LA ENCINA DE LA LASTRA

     Una culebra de escalera cruza la pista asfaltada que me lleva hasta Villardesilva, en la provincia de Orense, a donde me dirijo para  una consulta de campo. El calor ahora a media tarde es de 29 ºC, pero no hay águilas culebreras por las inmediaciones que puedan atraparlas, y el ofidio parece saberlo. Estamos a finales de septiembre, y las aves migrantes  ya se han ido, sin embargo da la impresión de que aun estemos por el estío. Este año, la falta de lluvias y el calor hacen que no parezca que entremos ya en el otoño.  Aunque la vegetación si lo manifieste. Muchos son los árboles que pierden la hoja, ya reseca. Pero lo más peculiar este año en este entorno, es que las encinas se están secando, sobre todo las que están sujetas a las rocas, donde el sustrato vegetal es escaso. Se notan grandes manchas de carrascas secas por las rocas calizas, por zonas de “lastras”.


En los bosquetes merodean papamoscas y colirrojos
(Fotos de J. M. de Arriba)
 
       Ha bajado la densidad de papamoscas cerrojillos  en paso migratorio por la zona, aunque algunos aun se quedarán hasta octubre. En estas fechas es fácil verlos posados en el mismo árbol que a un papamoscas gris. También están de  paso unas pocas tarabillas norteñas, la pasada semana  vi dos individuos posados sobre unos maíces en la vega de Pardollán, donde apenas  se aprecia la fuerte sequía que domina ahora este entorno. 
Por las descampadas cotas  altas del Parque están las collalbas
(Fotos de J. M. de Arriba)
  
             En los prados aledaños al pueblo, segados y secos, merodean algunas especies de aves. Sobre todo un gran bando de estorninos, y en ocasiones,  en días lluviosos y a primeras horas, un pequeño bando de chovas piquirrojas. Este año anidó en las cercanas peñas una pareja de cuervos, que junto a una familia de cornejas y las abundantes urracas, suelen ser avistadas por estos pastizales. Detengo el coche, y observo un alcaudón real posado sobre un majuelo. Las hojas del arbusto están casi secas, pero está lleno de bayas rojas. El alcaudón se ha quedado solo, y tiene todo el campo para él.  Aunque son pocos los saltamontes que merodean entre la escasa hierba, y tiene que competir con un grupo familiar de cernícalos que tienen estas  campiñas como su área de caza. Sus primos, el alcaudón dorsirrojo y el alcaudón común se han ido hacia el sur,  siendo este paraje uno de los pocos de la comarca donde se pueden ver juntas las tres especies. En la ladera opuesta, de matorral bajo, se aprecia el vuelo boyante de un aguilucho, que se encamina hacia los altos, mas despejados.
            Entre los cercanos sotos de castaños podemos sorprender a  trepador azul y agateador común;  a pico picapinos, pito real o a torcecuello en verano. Es en el estío la mejor época para visitar este enclave.  El ruiseñor es abundante entonces. Pero incluso podemos oír  el canto de colirrojo real y el del colirrojo tizón al unísono, pues los grandes árboles se funden con las casas reconstruidas en este pueblo. Una colonia de gorrión chillón ocupa una de las escasas viviendas sin recomponer. Por los bosques de la zona hay una enorme diversidad de pequeñas avecillas: carboneros, herrerillos, mitos, mosquiteros, zarceros, zorzales, reyezuelos, chochín, currucas, mirlos, verderones, camachuelos, petirrojos,... Por los perdidos y matorrales deambulan pequeños bandos de pardillos, verdecillos y jilgueros. También alguna familia de  escribanos y de tarabillas comunes.   Cualquier día llegarán  también los  bisbitas, el común y el arbóreo.  Y abajo en el río, confluyen  todo tipo de hirúndidos, destacando en época de cría la presencia de la golondrina áurea. En aquel momento  las sobrevuelan los vencejos, comunes y reales. En estas fechas otoñales solo quedan algunos aviones roqueros. Hasta 125    especies de aves se pueden observar en este Paraje Natural a lo largo del año.
          Hago una pausa en el Mirador de La Cruz, frente a la Peña Do Aredo, cortada a plomo sobre el pantano de Peñarrubia. Se ve un halcón peregrino volando sobre los riscos donde suele anidar, mientras una garza real cruza a ras de agua hacia la otra orilla. Sobrevuela a tres somormujos lavancos, que se zambullen en las profundas aguas a la búsqueda de peces. Esta primavera vi pelearse a varias garzas en las orillas, pero no aprecie atisbos de que nidifiquen.
Pronto llegarán los cormoranes grandes, haciéndoles la competencia a todos los ictiófagos. Los chopos de la ribera  norte del pantano les servirán de gran dormidero, puesto que en las alamedas de las márgenes del Lago de Carucedo no se sienten seguros. Se ve chapotear el agua en la orilla llena de maleza, camuflados descansan un   pequeño grupo de  ánades reales. No hay muchas aves acuáticas por el río, pero en ocasiones se han  visto a porrones comunes, alguna cerceta común y zampullines chicos. Por la arenosa orilla, donde desemboca el desagüe del Lago de Carucedo, puede verse a andarríos chico y algún archibebe. Incluso en invierno a gaviotas reidoras rondando por estas aguas. 
         En estos roquedos suele anidar el roquero solitario, que dejará los cortados a algún treparriscos que nos visita en otoño. Son dos especies raras, pero que con escasos efectivos suelen frecuentar estos cantiles.  Antaño también anidó águila real, aunque hace más de una década que no lo hace. En invierno es mas frecuente verla sobrevolar estos cerr
Debajo de la Presa de Peñarrubia, lavandera cascadeña y lavandera blanca suelen recorrer las piedras que sobresalen del río. También podemos sorprender a  martín pescador y mirlo acuático, al igual que alguna becada en época invernal entre el bosque galería, formado por alisos, fresnos, chopos y sauces, por donde suelen revolotear pequeños bandos de luganos.
Está un ratonero posado en un poste eléctrico, a la espera de que alguna rata salga hacia las vías del tren, cerca de las aguas  del pantano. Un zorro cruza por una tierra de labor baldía, que ha hozado el jabalí y que ha pastado el ganado. En verano suele estar rondando la zona algún milano negro y águila calzada, pero los campos han quedado para los búteos, que ahora han visto incrementada su población. Suelen vigilar los bordes del monte y del río, a la espera de alguna captura.   
Al pasear por las sendas aledañas al río, podemos sorprender  al gavilán o al azor, que suelen estar emboscados por estas marañas, a la espera de alguna torcaz, zorzal o avecilla que acudan a beber. Aunque lo más fácil, es que nos sobresalten ellos a nosotros, y solo veamos una sombra gris, que cruza  rauda el camino. Entonces, una algarabía de pajarillos nos delata su presencia, a los cuales  apenas habíamos detectado. 
        En todos los ecosistemas hay un recambio de especies y poblaciones. Marchan las estivales y nos llegan las invernantes, de modo que los aficionados a las aves y a la naturaleza en general, tenemos un motivo para patearnos todo el año estos parajes naturales.
        Para mí, lo más importante de este Parque Natural, es la nidificación de alimoche  en la Pena Falconeira.  La presencia de este cañonero hace a este paraje  único en Galicia, y sería un incentivo para que se respete y proteja, incluso que se considere un Plan de Gestión que incluya al alimoche en su programa, favoreciendo su sustento.
         Me refiero a ello, porque este ave se ve muy diezmada por las actuales políticas ganaderas, que impiden dejar en el campo restos de pequeños rumiantes, que son la base de su alimentación. Hay un rebaño de ovinos en la zona, y con sus placentas y fetos muertos ya le es suficiente al pequeño necrófago. A escasos kilómetros tenemos algún otro rebaño de ovejas, en San Juan de Paluezas y Paradela de Muces, que favorecería el asentamiento de otra pareja,...si se les permitiese disponer de sustento.  Claro que tiene que competir con cuervos, cornejas y urracas.   Y si quedase alguna res muerta, bajaría también el águila real. Es lo que suele hacer la gran rapaz después de las cacerías al jabalí, en época de caza, cuando el buitre viajero  ya no está. Ello haría más interesante la zona para todas las aves carroñeras, y podrían incrementar sus poblaciones. 
  

  Los carroñeros no desperdician la oportunidad.
(Fotos de J. M. de Arriba)
     Todos los años amenaza algún incendio el Parque Natural, y en este pasado verano casi arde el pueblo de Villardexeos. La política de repoblaciones con pinos puede tener su influencia en ello, aunque favorezca a especies como herrerillo capuchino, carbonero garrapinos o arrendajo. Pero perjudica a collalba gris, totovías,  alondras, currucas y demás aves de matorral bajo y descampados. Parece que la curruca cabecinegra no se ve perjudicada por los incendios, pues sus poblaciones se han establecido y se mantienen en la zona. No  precisan más que unos matojos para subsistir.  Muchos de sus parientes necesitan de más cobertura.
     Hago una parada  en el pequeño bar de la casa rural, “O  PRAO DO CHAO”, donde Toño, que la regenta,  acompaña con su charla al café. Él regresó desde Alemania  y reformó esta vivienda, apostando por el Turismo Rural, con un servicio agradable y un entorno acogedor en este encantador paisaje.   Además ofrece con frecuencia una ventana al mundo de la cultura, con eventos de teatro y musicales que pueden hacer las delicias de los más exigentes, en este paraíso rural que tenemos aquí al lado.

Fdo: Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com  
 


  
 

 

domingo, 19 de agosto de 2012

LINEAS ELECTRICAS Y AVES



  Estoy haciendo lo del SACRE, y camino por un desbroce bajo las líneas de conducción eléctrica. Casi es la única vía libre que hay por la zona, pues hasta los caminos carreteros tradicionales están perdidos; al igual que las antiguas tierras de labor, cegadas de brezales y escobales.
Me sorprende ver como salen del matorral varias aves típicas de la tupida floresta,  buscando  insectos entre las desmenuzadas y secas ramas de carrascas, carqueixas,  xestas y piornos. Incluso  muy cerca,  entre alguna maleza no cortada, merodean una pareja de currucas capirotadas, un acentor común, un petirrojo y una curruca carrasqueña. Un poco más distantes buscan alimento un  zorzal común y un mirlo, entre  la hierba nueva de una vieja vereda, que queda al descubierto por el desbroce. A lo lejos deambulan varios escribanos montesinos, en el  aledaño  de un pequeño claro que en otra época era un extenso pastizal. Se oye   la voz de  verderón, pinzón  vulgar y  veo a totovía cantando desde un cable.  Especies que también suelen frecuentar pequeños claros donde germinen algunas gramíneas y pequeñas plantas de que sustentarse. Sorprendo en un recodo  a una corza nutriéndose de las tiernas hierbas que salen entre los  arbustos rotos y dispersos.
Muchas son las especies de aves que  necesitan de espacios abiertos donde alimentarse y hoy por hoy en nuestra comarca,  solo quedan los viñedos, las plantaciones de frutales y los desbroces en el monte.
En la misma línea del desbroce, en una torre que domina toda la ladera, está aposentada un águila culebrera. Ya están en El Bierzo desde los calurosos días de marzo, pero en estas fechas de finales de abril, con lluvia, frío y nieve en los altos, no tienen muy a mano su sustento, pues no hay reptiles por el campo.  Si alguno sale, será a los pocos claros y los desbroces, donde ella los aguarda. Lo mismo hacen ratoneros, cernícalos, halcones y  aguilillas calzadas, usan estas atalayas para descansar y dominar el territorio, a la espera de que alguna presa se deje ver y poder acosarla.  Es frecuente observar a milano negro   oteando los desbroces, al igual que este pequeño carroñero sigue la línea abierta de las carreteras, frecuenta  lo  limpio, en busca de fáciles presas.
Pero también  tiene su  riesgo el cazar al lado de los tendidos eléctricos. Águila imperial y águila perdicera tienen sus mayores tasas de mortandad en los postes eléctricos. Otro tanto les pasa a las  avutardas con  los tendidos  eléctricos, siendo estos la principal causa de mortalidad   de la especie en la península ibérica. 

Muchas especies de aves aprovechan las atalayas de estas estructuras para nidificar, descansar, peanas  de caza,  ...


Nido de cernícalo vulgar en torreta, y desbroce al fondo


A orillas del lago, numerosos hirúndidos se posan y descansan en los cables, después de sus vuelos sobre el agua. También  los frecuentan  urracas, estorninos o  distintas especies de fringilidos, cuando acuden a los dormideros en los bosques de ribera.
Así pues, las torres eléctricas, tan frecuentes en nuestro paisaje, están integradas en la vida de las aves, pero no por ello dejan de ser un peligro para su supervivencia. En revistas especializadas y notas de prensa se habla de millones de aves muertas por las torres eléctricas. Puedo decir, que   en mi larga experiencia por esta comarca observando aves, no son tantos los ejemplares  que he encontrado. Si es importante que suelan ser especies en peligro de extinción las afectadas,  las que más se deberían proteger; y además suelen repetirse  en ciertos “puntos negros”, indudablemente a los que habría que aplicar las correspondientes medidas correctoras.  

Gracias a campañas informativas o de sensibilización y a estudios técnicos,
se han conseguido eliminar puntos negros para las aves:







Aparte de muchos datos de aves muertas en algunas  torretas  de El Bierzo, que se muestran en algunas fotografías, tengo anotado algún hecho  insólito  que cabe resaltar. A mediados de los 80,  en el mes de septiembre, un vecino me avisa, de que muchos “tornillos” cayeron  de   unos cables en Valdezambrón. Voy hasta esta zona de viñedos, a orillas del pantano de Campañana, y veo en el lugar indicado a varios estorninos pintos muertos bajo los cables, y todos “chamuscados”. Al parecer, al posarse una enorme bandada de  estas aves, que frecuentaban las maduras uvas, balanceó el cable y tocó con el colindante, causando la electrocución de muchas de ellas.
Otro caso digno de resaltar, a mediados de los 90,  fue el de un halcón común, que en su picado sobre una junta de ánades reales que volaba del lago de Carucedo al pantano de Campañana, se chocó con un cable  que cruza  donde el muro de la presa, seccionándose un ala.
No hace muchos  años, llegó a mis manos un aguilucho cenizo con un ala rota, que apareció bajo las aspas de un aerogenerador, de esos que inundan ahora los Montes Aquilanos.

Esta vez la víctima fue un Búho real. Pero en esta misma torre se   han electrocutado  además dos águilas calzadas. (Puente de Domingo Flórez)
Esta vez la víctima fue un Búho real. Pero en esta misma torre se han electrocutado  además dos águilas calzadas.(Puente de Domingo Flórez)
Cigüeña común que intentaba nidificar en esta torre. (Carucedo)
Inmaduro que se posó,  en su primer –y único- vuelo,  en esta subestación eléctrica. Al fondo se ve el nido en un viejo negrillo, ya desaparecido. (El Areal, Carucedo).
 
Ratonero  común encontrado muerto bajo una torre eléctrica (Carucedo).
Lo que si es un error es el desbroce a matarrasa bajo los tendidos de  líneas eléctricas, en época de reproducción de aves. En este pasado mes de junio, se han desbrozado  largas franjas de terreno bajo los tendidos, sin respetar la normativa europea al respecto, tanto la Directiva  Hábitats y la Directiva de Aves, y esto no debe permitirlo la administración.  Trigueros, totovías, currucas, zarceros, ruiseñores, escribanos,  y un gran número más de especies se ven afectadas por esta aptitud arrogante de las grandes empresas de líneas de conducción eléctricas. ¡Que se proceda a la limpieza o desbroce en la época que no altere la cría de estas especies, como indica la Ley!

Desbroce de  largas franjas de terreno bajo los tendidos, sin respetar la normativa europea al respecto.
Los setos que separan los prados, donde anidan diversas especies de pájaros,se han eliminado en plena época de cría.  (Borrenes).
 
Así pues, no solo es un impacto ambiental en la fauna, sino que también lo es en el paisaje. No hay valle en  El Bierzo  que no tenga su línea eléctrica partiendo el horizonte. Bueno, creo que hay uno que yo he visitado, en Primout. En ese valle no se ven líneas eléctricas, ni canteras, ni siquiera asfalto, pero debe de ser de los únicos.
Solo desde Carucedo a las Médulas (Patrimonio de la Humanidad) hay cinco líneas eléctricas que “rayan” el paisaje y el medio ambiente. Y así en todas direcciones en que dirijas tus prismáticos.
Caso  aparte tenemos con los aerogeneradores, que no solo son un obstáculo en el vuelo de las aves, sobre todo  para las grandes planeadoras, sino que las pistas  de acceso en las cumbres son un grave problema medioambiental. Además de fragmentar el territorio,   alterando el hábitat,  como es el caso del urogallo, hecho resaltado en la prensa; permite el cómodo acceso a los furtivos, presionando sobre ciertas especies de aves casi endémicas de nuestras montañas, como la perdiz pardilla. El paso de maquinaria pesada y las labores de mantenimiento alteran  este  ecosistema  tan vulnerable y a toda la  avifauna de montaña, que no suelen soportar la visita constante de operarios y auto - viandantes que aprovechan estas pistas forestales de acceso.  
Paisaje a orillas del río Sil, donde predominan los tendidos de líneas eléctricas. (Peñarrubia).
 De caza entre aerogeneradores (Videos de Pepo Nieto):
video
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Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com 

domingo, 1 de abril de 2012

LAGUNA DE VILLADANGOS


Panorámica Laguna de Villadangos

Este año celebro  el “día de los Humedales” fuera de nuestra comarca. Tal vez este sea el invierno mas seco que yo recuerde, desde que tomo mis notas en un cuaderno de campo, y de ello ya pasa bien de  las tres décadas. Esta es la estación del año en que es posible  observar a ciertas aves migratorias, principalmente acuáticas, que nos hacen olvidar la escasez ornitológica de otras estaciones. Me refiero desde luego a grandes cantidades de   pájaros que no son los habituales en El Bierzo. Puede que en épocas de paso migratorio, o bien durante la nidificación se observen  muchas especies distintas, pero no en grandes concentraciones. Es  ahora durante la invernada cuando se suelen dar fabulosas agrupaciones de aves. A veces las encontramos de palomas torcaces, avefrías, zorzales, fringílidos o bien el gran bando que todas las tardes se acerca hacia los parques de Ponferrada, que puede que sean mas de 5000 estorninos pintos, en sus fascinantes vuelos de aproximación a la gran urbe.
Así pues, los aficionados estamos esperando esta época para ver esa masa ingente de aves migrantes que pueden recalar en la comarca, y al parecer por unas u otras causas últimamente no llegan.
Ya he mencionado en pasados artículos las cifras de acuáticas que solían invernar en el Lago de Carucedo, y lo que cada año va ocurriendo. Bandos de 300 porrones, 500 fochas, docenas de somormujos y numerosos patos de distintas especies eran frecuentes. Pero es que en este invierno, ni siquiera los más de cien cormoranes grandes que en el pasado año estaban en el lago, lo han visitado.  Parece que se sienten mas protegidos en los cercanos embalses del río Sil. Ni las más de 15 garzas reales, o incluso los zampullines cuellinegros que hacían de este lago un humedal peculiar. Este invierno no hubo ni somormujos lavancos, salvo tres parejas que llegaron a finales  de este mes de febrero. Si se pudo ver alguna pareja en los pantanos aledaños,  una decena en el Embalse de Campañana, donde además suelen sestear dos centenares de ánades reales a diario. Si han estado por el pantano de Barcena, donde se han visto hasta una veintena de ellos por  las aguas profundas. A su alrededor merodeaban  un pequeño grupo de gaviotas reidoras, ánades reales y algún cormorán.
De todos modos, a veces te sorprende alguna rareza por el lago, como  agachadizas comunes por las secas orillas del Poulo, algún andarríos chico; cuatro porrones moñudos  y dos porrones comunes a principios de enero, alguna pareja de patos cuchara durante toda la invernía que llegaron a tres parejas a mediados  de febrero.  Es de destacar la espátula que fotografío José  Manuel  de Arriba  este año en este  lago (ver en Fotonatura.org), o  incluso un águila pescadora  que vi sobrevolando el río Sil en Villalibre  de la Jurisdicción, a mediados del pasado diciembre.
Suelo pararme en la laguna de Villadangos con frecuencia, cuando por motivos de trabajo tengo que viajar a León. Además, con la construcción del observatorio de aves que han dispuesto en su orilla, en poco tiempo, y sin “ensuciarte” entre los cañaverales como antaño,  te llenas de aves y reconfortas tu espíritu antes de sumergirte entre las fauces de nuestra capital de provincia.




No esperaba ver por estas fechas ocupada la colonia de garcillas bueyeras y martinetes, que hace tan representativa este aguazal. Ni que cruzase delante de mí  una garza imperial, o ver el continuo y acrobático vuelo de fumarel común sobre la lámina de agua,  oír el suave canto de carricero común en los cercanos alisos, ni  el nido de zampullín común con dos crías delante del “hide”. O bien a dos garcetas comunes acosando a un aguilucho lagunero que se posó junto a ellas entre el cañaveral. Estas son escenas que recuerdo de este pasado verano, en una de mis frecuentes visitas “de paso”. Pero tal vez, si esperaba ver a las cuatro nutrias que el cuatro de este enero pasado observé jugando por el centro de la laguna, subiéndose a unos maderos  medio sumergidos que apenas se distinguían entre la niebla.


Con lo que si me pude deleitar fue con  abundantes cercetas comunes, ánades reales, patos cucharas,  algún ánade silbón, ánade friso, fochas, pollas de agua, zampullín común, garceta grande,  pareja de aguiluchos laguneros,  y escribano palustre. Para dar colorido al ocre que domina la vegetación de las orillas, aparecen por el sur un pequeño bando de avefrías, danzando sobre el agua sin tener donde posarse.  Una fina voz me saca de mi ensueño, es un martín pescador que se posa en la barandilla del observatorio, cuando hecho mano de la digital, ya se ha esfumado. 
En el cercano nido me observa una cigüeña blanca. Le han puesto unas hélices para que desista de ocupar la torreta, pero ella ahí está, incomoda pero en su casa de siempre. Ya en el coche aun veo una hembra de azor meterse en el bosque de ribera, ¡era la que faltaba! En verano la vi como atacaba a una urraca desde los sauces.  Seguro que alguna tórtola turca o paloma torcaz que merodea por los alrededores es hoy su pitanza.


Me acerco hasta Chozas de Arriba, hacia otra  de las lagunas donde en verano se suele observar a cigüeñuelas y garza real. Aquí si que se pueden   ver algunos somormujos lavancos, junto a fochas y ánade real. Por el trayecto observo a milano real, ratonero y cernícalo vulgar. Incluso un alcaudón real, tan escaso por El Bierzo.


La verdad es, que si quieres llenarte de aves acuáticas en estos meses de invernada  en nuestra provincia, tienes que acercarte a alguna de las lagunas esteparias o balsas de riego que hay en el páramo leones, aunque este año estén varias secas y todas con bajo nivel. El “estanque” de Villadangos se ha convertido en la actualidad, en un oasis para las aves acuáticas y en un pequeño paraíso para los ornitólogos  de la zona.


Algunas imágenes de la zona:

Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com

domingo, 11 de diciembre de 2011

GRAJILLAS

HISTORIA DE UNA AVE  ANTAÑO COMÚN, QUE HA PASADO A ESTAR EN SITUACIÓN “VULNERABLE” EN EL BIERZO.

 
Hace unas semanas, mientras circulaba  por Fuentes Nuevas,  veo en una tierra arada  al estilo de las antiguas sementeras, a un pequeño bando de grajillas que buscan su sustento junto a un grupo de palomas mundanas. Paro  el coche y observo  con los prismáticos como las grajillas vigilan el entorno mientras las palomas se alimentan mas tranquilas. Junto a ellas corretean una pareja de cogujadas  y dos lavanderas blancas entre los terrones. Estas observaciones me retrotraen a un pasado lejano en Carucedo, cuando aun se sembraban los campos, y grandes bandos de estas aves se alimentaban de los  restos de las cosechas.

Vuelvo pues a mi infancia, cuando muy de mañana iba a la escuela por  la carretera que cruza el pueblo,  y me  pasaban al lado un numeroso bando de grajillas. Silenciosas llegaban desde el naciente y siempre recorrían el mismo camino, por una vía aérea para mi imaginaria. Aparecían por El Areal, a  la derecha de casa de Restituto, se dirigían   por debajo de A Fonte hacia la torre de la iglesia, enfilaban entre los negrillos del barrio de La Aldea, sobrevolaban el de A Cabana, franqueaban el  gran nogal del Meirobello, pasaban junto a los enormes chopos del Plantío, por  debajo de la escuela, y transitaban por la orilla sur del lago en dirección a los riscos de Peñarrubia, donde algunas anidaban. Así durante lustros, y la hora de paso en función de la época del año. Al atardecer hacían el recorrido inverso, aunque no por el mismo trayecto, sino que pasaban más cercanas a las colinas que protegían el pueblo de  frío norteño.

A medio día, junto a bandos enormes de palomas bravías,  se acercaban  a las tierras de labranza de Carucedo y se distribuían por los sembrados en busca de su sustento. Yo recuerdo a ver esos grandes bandos desde la ventana de la cocina de casa de  mis padres, que está cerca  de las huertas de La Pradería. Siempre había alguna grajilla de vigía desde lo alto de un término, poste o mojón. Si llegaba un ave de presa solía cazar alguna paloma, pero nunca vi que atraparan una grajilla. Las dos especies                     anidaban en los cantiles del gran río berciano, y a decir de los mayores, los que conocieron la comarca antes de los pantanos que nos rodean, en las cuevas cercanas a la central eléctrica de Cornatel lo hacían a miles. Aun recuerdo ver volar frente a estos cortados calizos a nutridos bandos de palomas.



Un verano estudié una colonia de grajillas en Pena Abelleira, allá a principios de los ochenta. Puede que influenciado por la lectura de Konrad Lorenz,  uno de los autores que más medió en mis aficiones por los animales, pues siempre me interesó mucho el  comportamiento animal. En esta antigua cantera, tan frecuentes en nuestra geografía, anidaba una pequeña comunidad de grajillas, disgregadas del gran grupo de cría que tenían en los cantiles de Peñarrubia  y Villardesilva su cuartel general. También había otro grupito  anidando en una cueva de las Médulas, cerca de As Valiñas, donde compartían agujeros con las ahora desaparecidas palomas bravías, tan abundantes en aquella época. Algunas ocupaban nidos en la cueva de La Palombeira, cerca del barrio de Balouta, aledaño a Las Médulas.  Y otras pocas en los precipicios del castillo de Cornatel, ocupando huecos en las almenas medio derruidas de este romántico fortín.
Frente a la cantera abandonada monté una “cabaña” con ramas de brezo, escobas y carrascas, y allí me pasé muchas horas de aquel verano. La verdad es, y ahora me doy cuenta,  que lo que hacía era comprobar lo que el prestigioso etólogo había descrito de una colonia que él había mantenido en el desván de su casa. Para mi fueron momentos  muy felices, pues disfrutaba en pleno de la naturaleza, aunque en aquella época, como ya he dicho en algún artículo de este blog, casi no podías decirle a nadie lo que hacías, ¡que te dedicabas a estudiar pájaros!
Recuerdo que cerca de la colonia de doce grajillas, había un nido de lechuza en el cortado calizo. También anidaba colirrojo tizón,  gorriones chillones y una pareja de cernícalo vulgar. He vuelto en posteriores años por este cantil llamado de Pena Abelleira, ¡por ver si anida búho real!

Otra experiencia que  tuve con estas aves, fue un individuo que cogí herido y que mantuve un  tiempo en la terraza de mi casa, junto al águila  “currita” y el cuervo “rufo”. Era muy esquiva, y te picaba por menos de nada. El cuervo no, incluso se dejaba coger y acariciar, al igual que el ratonero. Un día  desapareció, puede que por la creencia de que eran pájaros de mal agüero, un modo de pensar muy arraigado de aquella entre nuestros padres y abuelos.

Años mas tarde, la mayoría de las aves  que formaban aquel gran bando viajero desaparecieron, eran muy pocas las que quedaban. Decían de aquella que les habían explosionado los dormideros  con “barrenos”  y que acabaron con gran parte de  la población. A todos los vecinos les extrañaba que las antaño abundantes “chollas”, fuesen tan escasas en aquel momento.
            A principios de los noventa, cuando yo salía de ruta en mi trabajo de veterinario rural, solía llevar al lado, a eso de las nueve de la mañana, a un grupo de veinte aves. Acomodaba mi velocidad a la del bandito y llegué a verlas llegar a los cantiles de Peñarrubia y Pardollán,  por donde merodeaban todo el día.  
Pocos años más tarde ya solo viajaban una decena de individuos. Algunos días se quedaban por las huertas de Carucedo, y se las veía rebuscar comida entre los campos cercanos al lago, llamados A Veiga, pero curiosamente nunca en sus orillas.
Actualmente, las grajillas han dejado de hacer ese recorrido ancestral.  Parece que esta especie se limita a sobrevivir en las grandes ciudades y en sus arrabales. Recuerdo cuando estudiaba en  León a verlas por la catedral, en otros emblemáticos edificios y también a frecuentar los puentes de las grandes autovías, donde suelen anidar. Incluso edificios y puentes viejos, que aun mantienen huecos donde guarecerse. En un barranco que cruza un puente de la antigua N-120, situado entre Sobradelo y Barco de Valdeorras, siempre se veían grajillas posadas en los pretiles, muy cerca del paso de los coches.

Hace unos meses, en abril,  me pasé media mañana apostado en la plaza de San Marcos, en León, viendo a las grajillas ya emparejadas buscar y defender huecos o repisas de este enorme y majestuoso edificio frente a palomas mundanas - que no bravías- que competían con ellas; como hacían en otro tiempo en los cortados del Sil.
En esos días primaverales, en media hora de asueto del Curso de Auditorías en la vieja Facultad de Veterinaria, me acerco hasta el parque de Papalaguinda, y observo a una grajilla buscando comida por la zona de juegos de los niños. Sube hacia un chopo con algo en el pico, y una urraca la persigue. En los altos edificios del barrio de San Claudio está otra grajilla emitiendo su reclamo. Parece que esta comunidad de aves aun pervive en las ciudades, donde no se consideran “especie en peligro”.  
También pude observar en  Villadangos del Páramo, mientras visito la charca artificial que ahora es de gran  importancia en  riqueza de aves acuáticas, como merodean por los alrededores del pueblo un grupo de grajillas. En principio parecía que solo había grajas, pero la voz de las “chollas” me alertó, y pude contemplar a estos simpáticos córvidos volando entre sus primos mayores. Prestando atención a las colonias de cría de las grajas, se puede ver  a las grajillas anidando en viejos nidos, formando parte de la gran  colonia que pervive casi en el centro del pueblo.



Las grajillas demuestran sus dotes aéreas sobrevolando las torres y edificios de la gran urbe, pero raras veces se posan en el suelo. No se muy bien donde pueden buscar su sustento en las ciudades, aunque las veía  en el antiguo vertedero de León, junto a cigüeñas, milanos, estorninos, grajas y gaviotas. Ahora que ese tipo de vertederos no existen, no tienen fácil la búsqueda de comida. Por los campos  sembrados en  el Páramo se suelen observar a grajas y cornejas, pero no grandes bandos de grajillas  que tendrían que alimentarse por estos parajes y usar la ciudad como zona de cría y dormidero. Sería lo propio de la especie. Puede que en la zona de Los Oteros se observen más las grajillas. En algunas ocasiones las he visto desde  el coche merodeando por palomares abandonados.

En el Bierzo, las grajillas frecuentan las almenas del remozado castillo de Ponferrada, en las paredes del Monasterio de Carracedo y en el campanario de la iglesia de La Encina.  Las he contemplado en Bembibre bajo los puentes de las carreteras, y merodeando por los arrabales de la villa. No suelen verse por zonas rurales, salvo algún grupo aislado por campos de cultivo aledaños a la ciudad. En las pasadas fiestas de La Encina, desde el Parque de El Temple pude ver pasar sobre el gentío un bando de unas  cuarenta grajillas que volaban hacia el castillo. ¡Lo mejor de las fiestas!

Al faltar de nuestro medio rural este córvido, su espacio lo han ocupado las cornejas, es fácil ver a una familia estas aves en medio de pueblos, donde la escasa población humana las permite merodear entre los huertos y jardines, buscando la oportunidad de coger alguna pitanza que en otras épocas eran propias de sus primos mas pequeños.

Otras aves han menguado sus poblaciones  en  nuestros campos, sobre todo en esta zona del Bierzo Oeste. A las en otras ocasiones  mencionadas cogujadas, palomas zuritas y mochuelos, se unen gorrión molinero, gorrión chillón, triguero, lavandera boyera, totovía,  chova piquirroja, autillo,  collalbas  y alguna ave más de campos abiertos.
Parece que las abubillas tienen un ligero repunte en su población, pues este año se han  visto varias. Asimismo se nota un aumento de aves forestales, como gavilán, abejero europeo, zorzales comunes,  palomas torcaces, petirrojos, curruca cabecinegra, pico picapinos y  arrendajos. 


Fdo :Alfonso Fernández Pacios
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